La artista plastica ya no nos acompaña pero su obra toca suelo latinoamericano.  Su exposición que consta de 49 óleos, 16 dibujos y 20 fotografías,  se exhibe en el palacio de Bellas Artes.

Sus retratos nos muestran signos de vanidad, seducción o tormento; la pintora capta con gran penetración psicologica el sujeto representado y los hace lucir esencialmente fuertes y poderosos, algunos los estiliza alargando sus figuras que generalmente ostentan poses rígidas donde permanecen dos constantes: los rascacielos y la noche.

La adopción de la masculinidad se revela por medio  de sugerencias eróticas de carácter bisexual que transmiten sus mujeres voluptuosas. Las modelos retratadas por Lempicka siempre son corpulentas y de constitución fuerte, las formas delgadas se substituyen por la solidez de los hombros, los brazos y las piernas poderosas.

Los retratos femeninos de la artista revelan un narcisismo extremo de los cuales ella se confiesa su principal espectadora.

De formas voluptuosas y esculturales Rafaella fue la modelo favorita de Tamara, esta mujer poso para ella por mas de un año. (Abajo: la mujer de vestido rojo)

El nombre de Tamara de Lempicka se asocia con el Art Deco, termino acuñado en 1966 para referirse ala reproducción artística de entreguerras, caracterizada por formas geometrizadas, superficies desdobladas a la manera cubista, uso de la simetría y colores intensos así como elementos que  sugieren la fascinación frente a la aviación moderna, la luz eléctrica, velocidad automovilística y los rascacielos.

Conocida por sus fiestas, orgías y caracter bisexual Tamara de Lempicka fue algo más que una cocainomana, más que una socialite que disfrutaba de la compañía de Coco Chanel, fue una mujer que soñó con la grandeza, al sentir que sus pinturas no se la ofrecían se acercó a artistas de Hollywood y posaba en fotografías a la manera de ellos, gustaba de obsequiarselas a la prensa con su autografo, como ella misma lo expresó.

tamaragif

Tamara de Lempicka había sido una pintora célebre en la Europa de los años treinta, al menos en los círculos de la nobleza declinante y de la burguesía rica, que disputaban para ser retratados por ella, y, después, cayó en el olvido: con la Segunda Guerra Mundial su estrella artística empieza a declinar, hasta desaparecer, aunque intentase aún jugar con la abstracción, como lo hizo también con el surrealismo.

Tamara, convertida ya en baronesa, vive la guerra y la posguerra lejos de la Europa que la vio triunfar, ejerciendo en los Estados Unidos la función de dama del gran mundo que veía crecer las ruinas de su belleza, sin poder hacer nada por evitarlo. En 1972, siendo ya una anciana venerable, más de treinta años después de su marcha a Estados Unidos, una exposición de sus obras en París —semejante a la que, en este verano de 2004, ha organizado la Royal Academy of Arts, de Londres— la hizo de nuevo famosa, rescatándola del olvido, como si fuera un espectro que surgía de los locos años veinte, de la Europa de entreguerras marcada por la depresión pero también por el cabaret y el gusto por la vida, y que recuperaba con ella la dulzura de los sentidos y la sensualidad y el erotismo de un arte que parecía ser moderno, aunque fuese, ya en el momento de su creación, completamente arcaico.

Estas son pinturas de la retratista.

pinturas reconocidas de tamara

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